Cuento de Hernan Laclau
Aunque lo artero sería el misterio de Diana. La historia comienza un día corriente . Un día común tomando un plato de sopa. Entre éste plato y Diana como un preciado tesoro aferrada con su mano libre por decirlo de algún modo ella agarra su cartera con un singular y peculiar tesón. De manera casi patológica evita mancharla y hasta con arte lo logra.
Hasta acá nada fuera de lo común. Pero sucede que la costumbre trajo como consecuencia un movimiento de contagio que hizo en muy poco tiempo en una población promedio de veinticinco residentes ya las carteras sean cuatro. La más conmovedora y líder del grupo sigue siendo Diana porque su comportamiento individual hace o transforma a su cartera en un elemento casi de culto.
La forma casi invariable es un rectángulo perfecto y muy de a poco pude observar porque ella trata de evitarlo tras una seudo cautela que guarda compartimientos en bolsitas prolijas de nylon. Lo que mas me intrigo desde el principio fue su profesión deducible de su horario de llegada a Hodif. Su saludo ritual. Y su hermetismo para con todo. Pude no se aún como inferir que trabaja en un hospital.
Mas adelante y como al azar en una de las bolsitas guarda las galletitas sobrantes de las comidas para devorarlas durante el día. Su turno en la lavada de los platos luego de la cena lo cubre con la cartera al hombro. Las menos de las veces la tapona sobre el mármol cubriéndola de vajilla en etapa de secado. Pero siempre bajo su mirada subliminal de águila preservando su pieza.
Ha esta revolución en la contaminación generada incursionó el color y el diseño. Y según el cuadro diagnóstico el uso que en algún momento dieron o dan sus respectivas dueñas. No ya por una cuestión de competitividad expresa y manifiesta, sino de una manera u interés transversal. Lentamente en Hodif se va implantando una revolución feminista en la que quedan establecidos roles y funciones. Pasados ,presentes y / o futuros.
Las carteras mas fuera de foco son aquellas que revisten fiesta por sus colores de paquetería. El celeste aturquesado y el blanco se destacan casi por su fuera de lugar. La blanca fuera de tiempo esconde un vaso, y un juego de cubiertos que prolijamente Leticia repara en limpiar una y otra vez antes de guardarlos hasta la próxima cena o almuerzo. La celeste apareció en la Nochebuena y se instalo por unos días hasta desaparecer vaya a saber hasta cuando. Quizás hasta una próxima festividad. La pregunta que nos invade a todos los que seguimos este proceso es donde pernocta la cartera misteriosa cuando es reemplazada de forma temporal por su sustituta.
El contraste lo dan las carteras de todo uso que son las que en definitiva gobiernan el presente desde Ana Mayor por su tamaño hasta las de las profesoras de talleres. Lo mismo sucede con las del personal jerárquico caso de Rita que las manipula para todo tipo de gestión. Pero siempre efectivas en su misión. Un adminículo ignorado que a partir de la cartera misteriosa cobro fuerza y presencia a lo largo y ancho del arca de Ana.
Pasado el tiempo. Día sobre día. Ya las carteras ocupan su lugar personal. Es notorio ver una mujer que no la desenvaine. Las que rigen son las de Ana, Rita, y Liliana. Por su tamaño, modernidad y colorido. De cuero sólido con adornos cuelgan cada entrada o salida de fin de turno del hombro de su dueña. Es más fácil adivinar su contenido dado el rol que ocupa cada cual en la institución. Estas últimas hablan de roles operativos o ejecutivos. Hablan de liderazgo.
El misterio de la cartera de Diana dejo de serlo para dar paso a una instancia conocida por todos y en las que lo que se destaca es su fuera de tiempo escondiendo cubiertos una y otra vez como en un ritual. O embolsando en bolsitas de nylon pequeños recipientes que calzan perfectamente unos con otros. Cuando no con galletitas con una porción de pizza o cualquier otro sustituto.
El poder adquisitivo de cada cual se deja traslucir en ese conjunto de mujeres que solas no dicen nada y sin embargo todas se complementan.
Aunque lo artero sería el misterio de Diana. La historia comienza un día corriente . Un día común tomando un plato de sopa. Entre éste plato y Diana como un preciado tesoro aferrada con su mano libre por decirlo de algún modo ella agarra su cartera con un singular y peculiar tesón. De manera casi patológica evita mancharla y hasta con arte lo logra.
Hasta acá nada fuera de lo común. Pero sucede que la costumbre trajo como consecuencia un movimiento de contagio que hizo en muy poco tiempo en una población promedio de veinticinco residentes ya las carteras sean cuatro. La más conmovedora y líder del grupo sigue siendo Diana porque su comportamiento individual hace o transforma a su cartera en un elemento casi de culto.
La forma casi invariable es un rectángulo perfecto y muy de a poco pude observar porque ella trata de evitarlo tras una seudo cautela que guarda compartimientos en bolsitas prolijas de nylon. Lo que mas me intrigo desde el principio fue su profesión deducible de su horario de llegada a Hodif. Su saludo ritual. Y su hermetismo para con todo. Pude no se aún como inferir que trabaja en un hospital.
Mas adelante y como al azar en una de las bolsitas guarda las galletitas sobrantes de las comidas para devorarlas durante el día. Su turno en la lavada de los platos luego de la cena lo cubre con la cartera al hombro. Las menos de las veces la tapona sobre el mármol cubriéndola de vajilla en etapa de secado. Pero siempre bajo su mirada subliminal de águila preservando su pieza.
Ha esta revolución en la contaminación generada incursionó el color y el diseño. Y según el cuadro diagnóstico el uso que en algún momento dieron o dan sus respectivas dueñas. No ya por una cuestión de competitividad expresa y manifiesta, sino de una manera u interés transversal. Lentamente en Hodif se va implantando una revolución feminista en la que quedan establecidos roles y funciones. Pasados ,presentes y / o futuros.
Las carteras mas fuera de foco son aquellas que revisten fiesta por sus colores de paquetería. El celeste aturquesado y el blanco se destacan casi por su fuera de lugar. La blanca fuera de tiempo esconde un vaso, y un juego de cubiertos que prolijamente Leticia repara en limpiar una y otra vez antes de guardarlos hasta la próxima cena o almuerzo. La celeste apareció en la Nochebuena y se instalo por unos días hasta desaparecer vaya a saber hasta cuando. Quizás hasta una próxima festividad. La pregunta que nos invade a todos los que seguimos este proceso es donde pernocta la cartera misteriosa cuando es reemplazada de forma temporal por su sustituta.
El contraste lo dan las carteras de todo uso que son las que en definitiva gobiernan el presente desde Ana Mayor por su tamaño hasta las de las profesoras de talleres. Lo mismo sucede con las del personal jerárquico caso de Rita que las manipula para todo tipo de gestión. Pero siempre efectivas en su misión. Un adminículo ignorado que a partir de la cartera misteriosa cobro fuerza y presencia a lo largo y ancho del arca de Ana.
Pasado el tiempo. Día sobre día. Ya las carteras ocupan su lugar personal. Es notorio ver una mujer que no la desenvaine. Las que rigen son las de Ana, Rita, y Liliana. Por su tamaño, modernidad y colorido. De cuero sólido con adornos cuelgan cada entrada o salida de fin de turno del hombro de su dueña. Es más fácil adivinar su contenido dado el rol que ocupa cada cual en la institución. Estas últimas hablan de roles operativos o ejecutivos. Hablan de liderazgo.
El misterio de la cartera de Diana dejo de serlo para dar paso a una instancia conocida por todos y en las que lo que se destaca es su fuera de tiempo escondiendo cubiertos una y otra vez como en un ritual. O embolsando en bolsitas de nylon pequeños recipientes que calzan perfectamente unos con otros. Cuando no con galletitas con una porción de pizza o cualquier otro sustituto.
El poder adquisitivo de cada cual se deja traslucir en ese conjunto de mujeres que solas no dicen nada y sin embargo todas se complementan.

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